En esta ocasión relataré un día común en mi misión.
0730. Me levanto y me meto a bañar, me alisto, desayuno (hoy fueron huevos a la mexicana, jugo de naranja y un licuado de nuez, cereales y yoghurt y media pieza de pan) mientras escuchaba a Hilary Duff (a veces veo la tele, pero hoy no tenía ganas)
Llego al trabajo entre las 0900 y las 0915 normalmente, cabe aclarar que recurro a la impuntualidad para no levantar sospechas, trato de ser lo más normal posible. Abro, barro, trapeo y limpio las máquinas. Ahora que lo pienso mejor, este no fue un día normal, cuando llegué a abrir, ya había una niña de la secundaria esperando que levantara la cortina de acero para entrar a hacer su tarea. Además, se me pidió limpiar los vidrios (que no salieron ni con todo el esfuerzo que puse) y las computadoras a profundidad. Eso me quitó más de 2 horas mismas que, pasaron volando gracias a mi iPod (parte del disfraz) en el que escuché a Velvet Revolver y después una lista de oldies. Para esa hora del día, ya había impreso muchas hojas, atendido a muchas personas (los geeks se entristecieron porque no pudieron usar las computadoras que les gustan debido a que estaban arreglando algo dentro de la casa).
Así pasó media mañana en que atendí a la mugrosa chamaca esa y a un gay bien gay que asistia a una escuela objeto de mi misión pasada (la cual no nos importa ahora) hasta que me pude poner a charlar con la Agente Vainilla. La encontré bastante diferente; hablando mucho, preguntando más y muy interesada en mí. Hasta parecia que era la misma de antes ¡oh, que Déjà Vu tan hermoso!. Platicando con ella, me dí cuenta de que la semana pasada estuvo ignorandome no por que su misión se estuviera tornando complicada si no, porque la muy descarada simplemente así lo quiso...es decir, me ignoró con pleno conocimiento de lo que hacía. Que triste, yo que la amo tanto...Sin embargo, no dejé que eso me deprimiera, --hace mucho tiempo que aprendí que como sea, Vainilla siempre me va a deprimir-- es melancólica y dulce y mis sentimientos hacia ella son muy fuertes y muy extremos a la vez. Pero hoy, hoy no dejé que eso se interpusiera en mi vida, si alguna vez se nos vuelve a asignar una misión juntos, ya estará de Dios (o de la agencia) pero mientras, no me permitiré llorar por ella, no otra vez...
Después de eso, me di cuenta que ya era hora de irme, mejor dicho, me fueron a decir así que tomé mi alegria y me fui caminando a casa.
Al llegar a casa, comí hice algunas labores propias del hogar (la agente AlfaOmega se fue al doctor) y después me fui a entrenar a un gimnasio que escogí especialmente para la misión. Allí hice mi rutina y cuando terminé, me regrese a casa.
Como pueden ver, la misión es bastante tranquila y me deja tiempo para hacer otras cosas. Y eso es todo por hoy, ya tengo mucho sueño y mañana debo continuar con la misión y pienso reclamarle a Vainilla su actitud. Seré lo que quiera, pero nunca la he tratado mal como ella lo hizo conmigo.
Para olvidarnos de eso y recordar que aunque nos hagan llorar, las mujeres son hermosas y que como bien dicen Martín Urieta y --por añadidura-- Vicente Fernández: ...no queda otro camino que adorarlas... les presento a:
0730. Me levanto y me meto a bañar, me alisto, desayuno (hoy fueron huevos a la mexicana, jugo de naranja y un licuado de nuez, cereales y yoghurt y media pieza de pan) mientras escuchaba a Hilary Duff (a veces veo la tele, pero hoy no tenía ganas)
Llego al trabajo entre las 0900 y las 0915 normalmente, cabe aclarar que recurro a la impuntualidad para no levantar sospechas, trato de ser lo más normal posible. Abro, barro, trapeo y limpio las máquinas. Ahora que lo pienso mejor, este no fue un día normal, cuando llegué a abrir, ya había una niña de la secundaria esperando que levantara la cortina de acero para entrar a hacer su tarea. Además, se me pidió limpiar los vidrios (que no salieron ni con todo el esfuerzo que puse) y las computadoras a profundidad. Eso me quitó más de 2 horas mismas que, pasaron volando gracias a mi iPod (parte del disfraz) en el que escuché a Velvet Revolver y después una lista de oldies. Para esa hora del día, ya había impreso muchas hojas, atendido a muchas personas (los geeks se entristecieron porque no pudieron usar las computadoras que les gustan debido a que estaban arreglando algo dentro de la casa).
Así pasó media mañana en que atendí a la mugrosa chamaca esa y a un gay bien gay que asistia a una escuela objeto de mi misión pasada (la cual no nos importa ahora) hasta que me pude poner a charlar con la Agente Vainilla. La encontré bastante diferente; hablando mucho, preguntando más y muy interesada en mí. Hasta parecia que era la misma de antes ¡oh, que Déjà Vu tan hermoso!. Platicando con ella, me dí cuenta de que la semana pasada estuvo ignorandome no por que su misión se estuviera tornando complicada si no, porque la muy descarada simplemente así lo quiso...es decir, me ignoró con pleno conocimiento de lo que hacía. Que triste, yo que la amo tanto...Sin embargo, no dejé que eso me deprimiera, --hace mucho tiempo que aprendí que como sea, Vainilla siempre me va a deprimir-- es melancólica y dulce y mis sentimientos hacia ella son muy fuertes y muy extremos a la vez. Pero hoy, hoy no dejé que eso se interpusiera en mi vida, si alguna vez se nos vuelve a asignar una misión juntos, ya estará de Dios (o de la agencia) pero mientras, no me permitiré llorar por ella, no otra vez...
Después de eso, me di cuenta que ya era hora de irme, mejor dicho, me fueron a decir así que tomé mi alegria y me fui caminando a casa.
Al llegar a casa, comí hice algunas labores propias del hogar (la agente AlfaOmega se fue al doctor) y después me fui a entrenar a un gimnasio que escogí especialmente para la misión. Allí hice mi rutina y cuando terminé, me regrese a casa.
Como pueden ver, la misión es bastante tranquila y me deja tiempo para hacer otras cosas. Y eso es todo por hoy, ya tengo mucho sueño y mañana debo continuar con la misión y pienso reclamarle a Vainilla su actitud. Seré lo que quiera, pero nunca la he tratado mal como ella lo hizo conmigo.
Para olvidarnos de eso y recordar que aunque nos hagan llorar, las mujeres son hermosas y que como bien dicen Martín Urieta y --por añadidura-- Vicente Fernández: ...no queda otro camino que adorarlas... les presento a:




























































