sábado, 8 de noviembre de 2008

La relatividad de la importancia

Como saben, paralelamente a mi misión principal y misiones satélites, me dedico a investigar las pequeñas cosas que suceden en el mundo y que he bautizado como 'observaciones del mundo exterior' . En esta ocasión, el reporte es una de esas observaciones: la relatividad de la importancia.

Para empezar y comprender mejor el tema del reporte, debemos empezar por definir relatividad que dice algo así:

La idea esencial de ambas teorías, es que dos observadores que se mueven relativamente uno al lado de otro con gran velocidad, cercana a la de la luz, a menudo medirán diferentes intervalos de tiempo y espacio para describir las mismas series de eventos. Es decir, la percepción del espacio y el tiempo depende del estado de movimiento del observador. Sin embargo, a pesar de esta relatividad del espacio y el tiempo existe una forma más sutil de invariancia física, ya que el contenido de las leyes físicas será el mismo para ambos observadores. Esto último significa, que a pesar de que los observadores difieran en el resultado de medidas concretas de magnitudes espaciales y temporales, encontrarán que las ecuaciones que relacionan las magnitudes físicas tienen la misma forma con independencia de su estado de movimiento.

Esto es posible debido principalmente a la aceptación de la teoría de los cuantos, ya que al aceptar que los componentes fundamentales de la materia son espacio-temporales, estamos obligados a aceptar que si una de las dimensiones atadas a ellos se alarga, la otra necesariamente debe de acortarse.

Partiendo de la idea central, resaltada en negritas, tenemos que la relatividad nos dice que la observación e interpretación de un evento depende de la posición del observador. Aplicando esto a un evento aleatorio de la vida, tenemos como resultado algo parecido; la percepción de un evento, sea cual fuere su naturaleza, depende del observador, así como de sus ideas, prejuicios, miedos y todo el cúmulo de emociones inherentes a la naturaleza humana, amén de la relación que le une al protagonista del evento en observación. Todo esto, nos lleva -como agentes- a observar la manera en como se desarrollan los eventos cotidianos desde un ángulo imparcial, libre de favoritismos y sentimientos, y eso es lo que pude notar en un evento humano muy cotidiano: la autoestima o importancia de uno mismo.

Generalmente, una vida humana promedio, se desarrolla dentro de un muy acotado circulo de relaciones interpersonales, circulo que se conforma por gente con personalidades afines a la propia, personalidades que se van forjando desde los primeros años mediante un conjunto de valores morales, económicos e ideologicos que hacen creer al individuo que pertenece a un sector especifico de esa tan grande y revuelta organización llamada sociedad y que a la vez le dan un sentido de pertenencia y desarrollan en él un sentimiento de superioridad o inferioridad basado casi exclusivamente en su solvencia económica. La posición que se cree ocupar, se relaciona en gran parte con la influencia de los medios de comunicación masiva y el mantenimiento del status quo.

Para mantener dicho status y con el fin de moldearnos mejor, la sociedad de consumo nos da una serie de valores que refuerzan la personalidad base, entre ellos está la autoestima que no es otra cosa más que el amor propio, la fuerza que mueve a todo humano a creer que es o puede ser mejor que los demás, en cualquier aspecto, porque lo merece por el mero hecho de existir. O sea, enseña que eres importante, que no importa lo que hagas o pase, el mundo debe girar alrededor de tí, eso está bien.

Bien, todo este preambulo es para explicar una situación que observé ayer. Me dí a la tarea de investigar cómo opera la autoestima y hasta qué extremos hace llegar al humano. Para esto y con ayuda de una agente supersecreta, me infiltré en una clínica de cirugía estética donde pude constatar que la autoestima puede ser un gran aliciente para triunfar en la vida pero también puede ser la perdición de muchas personas...

Dentro de esta clínica, me topé con un perfecto sujeto de observación: una jóven de entre 25 y 30 años, complexión robusta, tez blanca, cabello negro, ojos cafés, en resúmen, un típico especímen del sexo femenino de esta época pero a las características descritas anteriormente, debemos agregar algo de suma importancia y que fue determinante para que este agente la escogiera como sujeto de observación: la susodicha gozaba de una posición socioeconómica alta.

Mientras observaba una película (aplicando el principio de inocuídad), escuchaba atentamente lo que ella hablaba con su amiga y su madre: que sí alguien se veía bien con cierta ropa, que si el novio de esa alguien era guapo, que sí estaba muy delgada...bueno, creo que para darnos una idea del grado de posesión de importancia que tiene, basta con decir que hablaba hasta de quién era mejor pareja de cierto actor estadounidense...para no abundar en tantos detalles que no interesan más que a al agente que lleva la investigación, la sujeto en cuestión gozaba de lo que yo llamaría un grado supremo, casi máximo, de autoimportancia. Hablaba de eventos sociales, de gente 'bien' y estaba allí porque se había operado la nariz para que le quedara 'bonita'. Al salir del consultorio, mis fuentes me informaron que el doctor pensaba que ella era una chica 'muy gordita' y casi casi sin chiste. Ver las dos caras de la moneda, me hizo comprender que para el humano promedio y su circulo de amigos, él (o ella) goza de un cierto grado de importancia que se destroza al ser observada bajo otra óptica; por otra persona.

Suena cruel, lo sé, pero eso solamente demuestra que la belleza, la importancia y el éxito, son valores subjetivos, que se miden solamente a partir de la opinión de quien los observa. Demuestra además, que la mayoría de las vidas que habitan este planeta, se rigen por un conjunto de valores vacios, inexistentes...

Es todo en este reporte, me despido con una chica que haría que la vida de este agente le importara un cacahuate.

Amanda Rosa















...cambio y fuera...






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